SEMILLA DIVINA

La mayoría de las personas viven sintiéndose limitadas. Piensan que la salud o alguna característica de su cuerpo físico es el obstáculo principal para lograr la felicidad; otras se sienten condicionadas por su economía, por su falta de estudios o por los rasgos de su carácter. Podemos imaginar multitud de limitaciones. Asimismo, hay una que es universal y nos afecta a todos: creer que lo que somos va a desaparecer al finalizar nuestra vida.

A menudo desconocemos, o rechazamos, la sabiduría que los maestros y sabios nos han legado: “En el interior de cada ser humano hay una semilla divina que tiene la misma naturaleza que la propia Creación”. Si nos permitimos pensar, aunque solo sea durante un instante, que la Creación es permanente e inmensa, incluso infinita, de algún modo esa plenitud está en nosotros.

Estos seres sabios añaden que el único propósito que tiene la vida en la Tierra es lograr que nuestra semilla interna brote y manifieste los dones y cualidades que alberga en su vientre: paz,  unidad, sabiduría, felicidad… totalidad. ¡Qué paradoja! Nos sentimos coartados y en realidad disfrutamos de una capacidad inmensa.

Las extraordinarias cualidades que han logrado desarrollar los maestros y seres realizados, ¿es un privilegio que la vida les ha otorgado? Ellos son personas que, al igual que nosotros, se han sentido limitadas en uno o varios de los aspectos que antes hemos mencionado. En un momento de sus vidas surgió una motivación que les llevó a emprender la tarea de activar su potencial interno. No nos hablan desde un conocimiento teórico, sino desde su experiencia directa.

Si nos paramos y reflexionamos, descubrimos que también tenemos esa semilla divina en nuestro interior. Aunque ahora no la sintamos, su perfume escapa y en determinados momentos nos embriaga.

Son muchas las ocasiones en las que brota en el corazón un sentimiento genuino de belleza, de amor o de unidad con los demás. Puede surgir al ir por la calle y mirar a un pequeño gorrión que picotea en el suelo; al ver la plena confianza que la persona invidente tiene en su perro lazarillo y el cuidado y mimo con el que este le guía; quizás al cruzar la mirada con la de una persona que refleja en sus ojos una profunda tristeza; al contemplar la carita arrugada de la abuela…

Seguro que en alguna época de nuestra vida hemos pasado por situaciones muy apuradas. En esos periodos de temor y dificultad, ¿quién no ha experimentado un sentimiento fuerte y puro de gratitud al escuchar a un amigo que nos dice?: “No te preocupes, juntos vamos a superar esto. Cuenta conmigo”.

Permitidme un ejemplo más, una vivencia personal (compartida en otro artículo). En una ocasión, andando por la acera de una de las calles de mi ciudad, vi a una familia que caminaba unos metros por delante de mí. El padre y el hijo iban cogidos de la mano, y algo más retrasada les seguía la madre mirándoles sonriente. Inmediatamente percibí que era un momento de gran belleza, mágico, único. El niño, de unos ocho o diez años, tenía el síndrome de Down y marchaba dando saltitos. Tras cada brinco besaba el dorso de la mano de su papá. Este, feliz, sonreía. Sí, sólo eso, sonreía feliz, y fue esa sonrisa la que tocó mi corazón. Disminuí un poco el ritmo de mis pasos y así pude seguir a la familia durante un trecho, mientras que algo nuevo brotaba en mi interior, una mezcla de alegría, belleza, paz, plenitud… Sentí que todo era perfecto y reflejaba un inmenso amor.

Son apenas unas situaciones que nos muestran que en nosotros hay un inmenso tesoro esperando a ser descubierto. Preguntémonos: Si esas vibraciones no están en mi interior, ¿cómo pueden resonar en mí? Experimentamos sentimientos puros y bellos porque eso es lo que somos en esencia.

Los tiempos que vivimos nos anuncian que ha llegado la hora de elegir qué respuesta dar a la gran pregunta de la vida: ¿Cómo deseo vivir el tiempo que aún he de permanecer en la Tierra? Una opción es la de convertirme en un creador. ¿Creador de qué? De alegría, de esperanza, de unidad, de paz.

Transformarnos en creadores de esas hermosas cualidades es una misión que requiere de un importante esfuerzo, pero hemos de saber que poseemos una fuerza interior extraordinaria que se activa en proporción a la magnitud de la tarea que afrontamos. Germinar la semilla divina que mora en nuestro interior es la obra mas elevada que una persona puede emprender a lo largo de su proceso evolutivo.

(En unos días publicaré aquí en mi web un artículo que puede servir para este propósito de convertirnos en creadores. Gracias por leer esta entrada).

 

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Juan José

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