REFLEXIONES-6 ¿PARA QUÉ ESTÁ EL SER HUMANO EN LA TIERRA?


Partimos de la premisa de que todo lo que existe tiene una razón de ser, más allá de que en un momento concreto de nuestro proceso evolutivo aún no la conozcamos. Por ejemplo, hace años la humanidad ignoraba cómo se originaban los huracanes o los terremotos. En cambio hoy se conoce con detalle cómo se crea un huracán (la acumulación de tormentas eléctricas que se desplazan sobre aguas oceánicas cálidas) o un terremoto (el choque de placas tectónicas).

Este universo, del que la humanidad forma parte, propicia que todos y cada uno de los elementos y seres que lo componen alcancen su pleno desarrollo. Entonces, estas dos clases de fenómenos naturales utilizados como ejemplo deben de tener una propósito aunque todavía no lo conozcamos. Hemos llegado a comprender cómo se forman los huracanes y los terremotos, pero todavía desconocemos para qué se forman, es decir, cual es el su finalidad. Muchos de nosotros tal vez diríamos que su objetivo es el de provocar daño y destrucción, en tanto que un ser de elevado nivel de conciencia ya conoce el auténtico sentido de todo lo que se manifiesta en este planeta.

El ser humano está en la Tierra con el único propósito de conquistar su plenitud. Contamos con un gran número de testimonios que nos revelan la existencia, a lo largo de la historia, de seres humanos que han logrado desarrollar cualidades que permanecían latentes en su interior, lo que les ha permitido activar una extraordinaria comprensión.

De muchos de estos seres se conocen datos concretos de sus vidas, como la fecha y el lugar donde nacieron, el trabajo u ocupación de sus padres y otras referencias más. Se sabe que cuando eran pequeños no se diferenciaban de los otros niños, y que la conquista de una conciencia elevada fue fruto de un compromiso personal que requirió de un importante y prolongado esfuerzo. 

Las diversas culturas usan nombres diferentes para referirse al excepcional estado al que llegan quienes culminan su proceso evolutivo humano: iluminación, plenitud, satori… Es en una vida concreta cuando la persona alcanza la iluminación (como la gota que colma el vaso), pero el camino para llegar a esa meta se ha ido recorriendo a través de las vidas anteriores. En ellas vivió multitud de experiencias, cada una de las cuales dejó en su alma una porción mayor o menor de sabiduría para alcanzar la realización.

Ese es el destino de cada ser humano: llegar a la plenitud. Desde ese momento tiene la capacidad de elegir con total libertad una de las dos opciones que se le presentan: continuar naciendo como humano durante un cierto número de vidas, o proseguir su andadura en el cuerpo de energía luminosa que ha logrado crearse en su tiempo de experimentación en la tierra.

Si elige la primera alternativa, seguirá naciendo en un cuerpo físico con las cualidades adecuadas a las tareas que en cada vida concreta vaya a realizar. A diferencia de sus etapas anteriores, el ser ya no viene a este plano a explorar y aprender sino a servir, a compartir con otros lo que él ha desarrollado. Nace con una mente de visión superior, global e inclusiva, respetando por completo tanto las experiencias que cada uno vive como su manera de afrontarlas. Se siente uno con la totalidad de seres, humanos o no, con los que comparte el planeta, y en cada instante de su vida experimenta un profundo sentimiento de amor a toda la creación y a la fuente creadora.

El ser humano que se ilumina en una vida dispone de un segundo camino alternativo: no volver a encarnar más en la Tierra y proseguir su rumbo en otros planos de existencia. En ellos se sirve de su cuerpo de luz, acrecentando continuamente su amor y su sabiduría y colaborando en diversas tareas con otros seres de luz. En cada momento siente que el máximo gozo, eterno y siempre creciente, nace al sentirse uno con todo lo creado y servir a ese todo.

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Juan José

2 comentariosDejar un comentario

    • Juani, gracias y disculpa el retraso en responder a tu comentario. Son unas breves reflexiones que nos pueden servir de estímulo al recordar que algunos seres, iguales a nosotros, ya han logrado su realización. Un abrazo. JUANJO.

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