NUESTRAS CUALIDADES VISTAS DESDE UNA DIMENSIÓN SUPERIOR

Este artículo completa uno anterior, de fecha 12/03/12, que tiene por título “Honestidad y Amor a uno mismo”. No obstante, quién solamente lea este encontrará una información coherente en sí misma, como una unidad.

Todas las cualidades que necesitamos para afrontar cualquier acontecimiento que la Vida nos presenta, las tenemos en nuestro interior.

A nivel interno, en este momento, cada uno de nosotros ya somos confianza, armonía, fuerza interior, paz, seguridad, capacidad de perdonar…  Más allá de que dudemos de que esto es así, ya somos todas estas cualidades. Y digo somos en lugar de tenemos porque lo que tenemos lo podemos perder, pero lo que somos lo somos siempre.

¿Cómo es que estas cualidades permanecen ocultas, como dormidas para algunos de nosotros? Comienzan a brotar de modo natural tan pronto cómo vamos eliminando los obstáculos que les impiden mostrarse. Muchos de nosotros, con nuestras acciones, palabras y pensamientos no permitimos que se manifiesten.

Todas las cualidades, bondad, armonía, compasión, paz, alegría…, forman parte intrínseca de nosotros, pues son nuestra propia naturaleza, nuestra esencia. Nada ni nadie nos las puede entregar, ninguna creencia o religión, ningún libro, curso o conferencia, ni tan siquiera un Maestro. Lo que sí hacen un buen libro o un Maestro es ayudarnos a comprender que ya están en nosotros, y qué podemos hacer para activarlas.

Imaginemos que tenemos una semilla del fruto de un árbol, por ejemplo de un nogal. En la naturaleza de esa semilla, en su esencia, está el llegar a ser un hermoso árbol, un nogal que podrá albergar mucha vida, insectos, pájaros, ardillas, etc. Para ello, la semilla precisa de unas condiciones especiales, como tierra fértil, agua, cuidados…, pero nada se desarrollará si la mantenemos encerrada en un tarro de vidrio, impidiendo así que germine y crezca.

Nuestro caso es similar. Cuando vivimos fingiendo, entonces nos manifestamos como irreales y falsos, y nuestras cualidades, que son en esencia claridad, realidad y verdad, no pueden desarrollarse. Las mantenemos encerradas en una prisión cuyos muros son el engaño, la doblez, la apariencia y la mentira. Pero desde el mismo instante en que comenzamos a ser auténticos, verdaderamente auténticos, todas las cualidades que nos constituyen comienzan a cobrar vida. Por resonancia, por sintonía, brotan de modo natural, sin que tengamos que hacer nada especial más que ser auténticos.

Y entonces no es que tengamos esas cualidades, sino que somos esas cualidades. Nuestras cualidades no son como los trajes que tenemos en un armario, que según la ocasión nos ponemos uno u otro. No es por ejemplo, que cuando nos corresponda ser bondadosos, nos pongamos el traje de la bondad, y al finalizar esa situación nos desprendamos de él. Ni que cuando veamos a unos niños jugando felices en un parque, nos pongamos el traje de la alegría por unos momentos.

Al desarrollar nuestras cualidades, fruto de vivir siendo auténticos, ya podemos disponer de ellas para siempre, en todo momento y situación. Si en verdad he desarrollado en mí la auténtica compasión, yo soy compasión siempre, tanto si veo a un pobre, como si veo a un rico, como si me encuentro solo.

Hablamos de un nivel superior de Conciencia, del desarrollo verdadero de las cualidades que en esencia y en verdad somos. Por eso cuando la Vida presenta una ocasión de que exprese mi compasión, por seguir con el ejemplo, de un modo natural mi compasión se expresará, pero no mediante una actitud o una postura más o menos forzada, como algo que he de recordar: “He de acordarme que cuando vea a una persona que sufre, he de mostrarme compasivo”. No es así. Mi compasión es mi esencia, algo que me constituye, algo legítimo en mí, y de modo natural se expresará cuando la Vida lo requiera, sin que yo haga nada especial. Del mismo modo que el fuego trasmite calor o que el Sol emite luz. Para que esto sea así hemos de ser auténticos.

 ¿Cuándo soy auténtico? Soy auténtico cuando vivo, me expreso y me relaciono tal como soy. Me muestro a los demás y a mi mismo como soy en ese momento, no como deseo ser ni como los demás esperan o desean que yo sea. Sólo cuando soy auténtico, puedo empezar a cambiar en mí aquello que deseo mejorar, hábitos, modos de comportarme, pensamientos… Únicamente desde la base sólida y real de lo que soy puedo cambiar. Esto todos lo entendemos, porque nada sólido se puede construir desde una base falsa.

¿Es posible aprender a ser auténtico? Sí, y para este propósito exponemos ahora unas ideas prácticas, fáciles y sencillas. (Otras más están en el artículo citado “Honestidad y Amor a uno mismo”)

1ª) Hemos de habituarnos a decir lo que pensamos y lo que sentimos, porque eso es lo que en verdad somos en un momento concreto. Entonces somos auténticos. Y no lo somos cuando decimos algo que no sentimos o que no pensamos, pero que puede reportarnos algún beneficio como contentar a otros, evitarnos problemas, quedar bien y que nos valoren, etc. En esos casos sepamos que ese beneficio momentáneo, por llamarlo de algún modo, tiene un alto precio, pues nos debilita y nos crea inseguridad, desasosiego, desarmonía…, es decir todo lo contrario a las cualidades que nos constituyen y que queremos desarrollar. El ser falso tiene un alto coste que tarde o temprano ha de pagarse.

Veamos esta misma idea desde un nivel superior de Conciencia: cada persona es un referente para todos los que con ella se relacionan. Cuando hacemos o decimos algo, esa es la referencia que proyectamos a los demás. Si eso que hacemos o decimos no es auténtico, los que se están relacionando con nosotros no tendrán un referente cierto, fiable y verdadero. Además, les hemos enviado una energía de no Amor. ¿Deseamos eso en nuestra vida?

En cambio, si somos auténticos a la hora de hablar o hacer, aunque otros puedan no estar de acuerdo con nuestros modos o ideas, nos estamos relacionando con ellos desde una energía y una vibración de Amor. En esos casos, cada uno a nuestro nivel, somos la expresión de la Conciencia Infinita, que siempre y sin excepción, manifiesta la Verdad. ¿Puede ser este un compromiso que nuestra Alma tiene adquirido con las Almas de las personas con las que nos relacionamos…?   

2ª) Hemos de mirar de frente todo lo que nos sucede. Cuando huimos y no miramos la experiencia que la Vida nos presenta, le damos fuerza a esa experiencia, que se va convirtiendo en un monstruo cada vez mayor y más amenazante, al tiempo que nos vamos debilitando. Por el contrario, cuando miramos al monstruo a la cara este se derrite como un helado fuera del congelador.

Esta idea vista desde una Conciencia superior: cada uno tenemos el compromiso personal de crecer en Conciencia, en Amor. Ser fiel a ese compromiso supone afrontar, aunque nos cueste, las experiencias y situaciones que vivimos, para poder obtener de ellas la sabiduría y el Amor con que la Vida las ha impregnado. Así desarrollamos en nosotros el Amor. Por el contrario, si huimos ante una experiencia o situación, nos estamos anclando en el temor, energía que nos aleja del Amor.

Todos sentimos en nuestro interior el deseo de atrevernos, de poder afrontar cualquier situación. Este deseo es ya parte de nosotros, de acuerdo que ahora solo como un anhelo, pero ya es en nosotros, y al esforzarnos y atrevernos logramos que se haga realidad.

(No profundizo en esta idea, pues será objeto de un artículo completo en el futuro).

3ª) Nos debilita la queja. Sin duda que ante una experiencia dura que nos presente la Vida, vamos a quejarnos. Y eso es natural e incluso beneficioso pues supone un desahogo, pero me refiero a la queja permanente, por todo, como un hábito, amargándonos a nosotros y a los que nos rodean, sin aprovechar las oportunidades que la Vida nos presenta. Viviendo así nos debilitamos.

Si vemos esta idea desde una dimensión superior, intuimos que la queja nos separa de la Vida, que siempre sin excepción alguna, es la expresión de una Sabiduría y un Amor infinitos que están ayudándonos en el desarrollo de nuestras cualidades internas. Con nuestras quejas nos oponemos a la Vida e impedimos el desarrollo de nuestras cualidades.

(Al igual que en el caso anterior, más adelante dedicaré un articulo a desarrollar esta idea).

CONCLUSIONES:

= Recordemos que todos estos objetivos y propósitos son fruto de un proceso, de un camino que hemos de recorrer día a día. Recordemos también que todo lo aquí dicho es reciproco, de nosotros para con los demás y de ellos para con nosotros.

= Al ser auténticos expresamos lo que para nosotros es verdad en un momento concreto, y así nos sintonizamos con la Verdad que impregna la Vida, expresión de la Conciencia Infinita.

= Al ser auténticos brotan en nosotros todas las cualidades que nos constituyen como personas, y ya podemos manejarnos con ellas en nuestra vida. Digo todas porque es así como sucede. ¿Acaso podríamos, al mismo tiempo, ser Perdón y tener rencor? ¿Ser Alegría y estar tristes? ¿Ser Amor y sentir temor?…

 

= ¿Qué buscamos todos los seres humanos?

Hay una respuesta universal a esta pregunta:

“Todos buscamos ser felices”.

Únicamente cuando uno es auténtico es libre,

Y sólo entonces puede ser feliz.

 

 

 

 

 

 

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juanjo

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