SER LIBRES: PERDONAR Y PERDONARNOS

El primer paso para sentirnos libres y felices es perdonarnos por aquello que sentimos que no hicimos bien, al tiempo que perdonamos también a los que nos han ocasionado algún tipo de sufrimiento.

Antes del perdón estamos presos en una celda cuyos barrotes son el resentimiento, la amargura, la culpa, la vergüenza, la infelicidad. La llave que abre la puerta de esa celda es el perdón. No hay otra forma de abrir la celda. Para ser libres y felices tenemos que usar la llave del perdón. De este modo salimos a la Vida, a respirar aire puro, a sentir los rayos del sol, a decir gracias, a decir te amo.

La persona que ha sufrido profundamente por lo que otros le hicieron y es capaz de perdonar, es un ser con un bello y puro corazón. Se siente libre y feliz, y esa felicidad la transmite a los seres de su entorno. Cuando llegue el momento de marcharse, podrá mirar atrás y decirse: nada dejo pendiente, me voy en calma, en paz, feliz.

Vamos a ver mediante dos ejemplos prácticos como se realiza un trabajo de perdón: en el primero perdonamos a otros el sufrimiento que ellos nos causaron. En el segundo supuesto somos nosotros los que pedimos perdón, al tiempo que nos perdonamos por nuestro comportamiento.

unnamed-11MODO PRÁCTICO DE REALIZAR UN TRABAJO PARA PERDONAR A OTROS:

Elegimos como ejemplo para ilustrar este trabajo de perdón el caso de una persona que quiere perdonar a su padre. Este bebía a menudo, con todo lo que eso suponía de violencia y mal ambiente en casa, vergüenza ante los vecinos y conocidos, dificultades económicas, etc. El trabajo de perdón consta de tres pasos:

= Primer paso: buscamos un lugar tranquilo, que puede ser nuestra habitación, el salón de casa, en la naturaleza…, un sitio donde podamos permanecer unos minutos sin ser interrumpidos. Nos sentamos, hacemos un par de minutos de respiraciones relajantes y ya nos encontramos listos para realizar el trabajo.

= Segundo paso: nos decimos mentalmente el nombre de la persona a la que vamos a perdonar y los hechos por los que la perdonamos. Al realizar el trabajo de perdón no se precisa una relación pormenorizada de todas las consecuencias y sufrimientos que el comportamiento de esa persona nos causó. Basta con una referencia breve. En nuestro ejemplo del padre que bebía puede ser algo así: “Papá, cuando yo era pequeño sufrí mucho porque bebías. No te puedes imaginar cuanto tiempo sufrí y con qué intensidad. Incluso ahora lo paso mal al recordar esa época. Me marcó profundamente y condicionó mi vida, y aún hoy no he podido liberarme de ese sufrimiento”. Esto o algo parecido es suficiente. Nada más hace falta ni hace más perfecto el trabajo. Pero si alguien desea añadir algo concreto porque es un profundo recuerdo que le acompaña ahora intensamente, lo dice también. Siempre, lo que cada uno siente hacer es lo mejor y lo más perfecto.

= Tercer paso: seguimos  centrados, y con plena conciencia decimos mentalmente unas palabras sencillas. Siguiendo con el ejemplo anterior, puede ser algo así:

“Y por todos esos hechos y las consecuencias que han tenido en mi vida, papá yo te perdono y te libero, y yo me perdono y me libero”.

Esta frase la repetimos tres veces. Para darle más fuerza al trabajo, mientras decimos la frase podemos ponernos las manos sobre el corazón, que es desde donde surge nuestro perdón. Es esencial que el trabajo lo hagamos con plena atención, no de manera rutinaria, pues no surtiría efecto. El acto de perdonar (o el de pedir perdón) es un acto sagrado.

= Final: para acabar, hacemos nuevamente un par de minutos de respiraciones relajantes y seguimos con nuestras tareas.

Arbol rojoMODO PRÁCTICO DE REALIZAR UN TRABAJO PARA PEDIR PERDÓN, EN TANTO QUE NOS PERDONAMOS A NOSOTROS MISMOS:

Se trata de perdonarnos a nosotros mismos por el sufrimiento que hemos causado a otro con nuestro comportamiento, al tiempo que le pedimos perdón a esa persona. Veamos también aquí un ejemplo que puede servirnos de ayuda.

Dos niños son muy amigos, van siempre juntos y confían el uno en el otro. Cuando tienen unos 20 años a ambos les gusta la misma chica. Hay una cierta competencia entre ellos, pero es una rivalidad sana. La atracción que ambos sienten hacia la chica se va convirtiendo en amor, y ella empieza a mostrar sus preferencias hacia uno de ellos.

El que va siendo relegado sufre en silencio por ello. Pero llega un día en que el sufrimiento le desborda y, ofuscado por no haber sido elegido por la chica, realiza un acto indigno: acusa injustamente a su amigo de haber cometido un robo en la empresa en la que ambos trabajan. El amigo es despedido, y profundamente dolido deja a su familia y amigos y se marcha a vivir lejos. De él ya no se vuelve a saber nada más. También la chica se va de la ciudad pasados unos meses.

El amigo que se inventó la acusación injusta sigue con su vida. Pasan los años y ya es una persona mayor. Cada día de su vida ha recordado la traición al amigo y ha sufrido por esa acción suya. Tal es su remordimiento y su sentimiento de culpa, que llega un momento en el que decide realizar un trabajo de perdón tal como leyó hace meses en un libro. Lo hace siguiendo el esquema de trabajo que ya conocemos:

= Comienza con unas respiraciones relajantes… Es consciente de que está haciendo algo de  gran importancia, algo que puede cambiar profundamente su vida. Con esta disposición y con plena conciencia de lo que hace, realiza el trabajo de pedir perdón y perdonarse.

= Cierra los ojos y recuerda al amigo al que traicionó, trayendo su imagen a la mente. Hace un relato de los hechos por los que pide perdón a su amigo al tiempo que se perdona a si mismo. No hace falta que sea una relación detallada. Puede ser algo así: “Mi querido amigo …, durante años me mostraste en muchas ocasiones que me amabas y confiabas en mí. Fue una época hermosa y feliz en mi vida. A tu Amor y confianza, yo respondí acusándote falsamente, provocándote un gran dolor y sufrimiento, al tiempo que causándoselo a los tuyos. Fue una acción innoble y ruin por mi parte. Y si ahora me dirijo a ti es apelando al Amor que se que hay en tu corazón. Es en base a ese Amor que te pido que me perdones. No comprendo lo que hice, y se que nunca lo comprenderé. Pero he decidido, cueste lo que cueste, liberarme del sufrimiento y del dolor que te causé y me causé a mi mismo.” Esto o algo parecido es suficiente.

= Tras esto dice la fórmula del perdón: “Y por todos esos hechos y las consecuencias que han tenido en tu vida y en la mía, yo te pido perdón y te libero, y yo me perdono y me libero”. Esto lo repite tres veces. Para darle más fuerza al trabajo, se coloca las manos sobre el corazón, desde donde surge su petición de perdón, al tiempo que de ahí brota la energía con la que se perdona a sí mismo.

= Para acabar el trabajo realiza unas respiraciones relajantes.

Es muy importante, del todo esencial, que el trabajo lo hagamos con plena atención, con plena conciencia de lo que estamos haciendo. La expresión “un acto sagrado” que se utilizó en el ejemplo anterior, no es ninguna exageración. Todo trabajo de perdón es siempre un acto de Amor, tanto cuando damos perdón como cuando pedimos perdón para nosotros. El auténtico perdón procede de nuestro corazón, y se manifiesta sin ninguna razón que lo justifique. ¿Acaso debe existir una razón para Amar?

Perdonamos y pedimos perdón del mismo modo que un manzano entrega sus frutos: de modo incondicional, con Amor. Ofrece sus manzanas tanto al que le cuida, le abona y le riega, como al que de un modo brusco las arranca desgajando una rama. ¿Le negará el manzano sus frutos la próxima vez?

284px-Little_Spirit_Cedar_TreeUNAS IDEAS QUE PUEDEN ACLARARNOS DUDAS AL REALIZAR LOS TRABAJOS DE PERDÓN:

a) ¿Cuántas veces hemos de hacer un trabajo de perdón? En ocasiones sentiremos que es suficiente con una o unas pocas veces…Los casos más importantes los repetiremos una o más veces a la semana, hasta que sintamos que en nosotros se está produciendo una liberación. Entonces podemos ir espaciándolos en el tiempo, hasta darlos por finalizados.

b) Si tenemos varios casos para trabajar, podemos empezar por el que más nos está haciendo sufrir. Pero igualmente podríamos comenzar por uno más fácil, para practicar. Como cada uno sienta es lo mejor. Se pueden hacer trabajos agrupando varias personas. Ejemplos: si en el colegio o en el lugar de trabajo había un grupo de compañeros/as que se burlaba de nosotros, o nos criticaba, etc., el trabajo puede hacerse conjuntamente para todo el grupo.

c) Cada uno puede modificar este trabajo y adaptárselo a él. Igualmente puede crearse la frase que se repite tres veces. Nada es fijo, y lo único imprescindible es hacer el trabajo con la máxima atención que uno pueda, con plena conciencia de lo que se está haciendo. De modo rutinario el trabajo de perdón no surte efecto.

d) Si en los primeros trabajos no obtenemos resultados, no importa. Perseveremos. Pasado un tiempo es posible que comencemos a sentir un cambio en nuestro interior y veamos los frutos.

e) Cuando se trata de perdonarnos hechos muy traumáticos, puede ser que en las primeras ocasiones nos sintamos bloqueados, que nos invada el llanto, que aparezca un profundo dolor… y no podamos finalizar el trabajo. No nos desanimemos. Pasados unos días lo intentamos nuevamente.

f) En aquellos casos que nos dejaron una profunda huella y no nos sentimos con fuerzas para hacer solos el trabajo, podemos pedir ayuda a un psicólogo, a un sacerdote, a un terapeuta, a un amigo o familiar en quien confiemos… ¡Demos un paso valiente! Será el primer paso en un camino que nos conducirá a la libertad.

Así como las medicinas pueden sanar el cuerpo físico, el perdón sana el Alma. Antes del perdón estamos enfermos, no de un virus o una bacteria, pero sí de algo tanto o más grave: enfermos de amargura, de incomprensión, de culpa, de resentimiento. Al perdonar y perdonarnos nos sanamos y comenzamos a sentir la paz en nuestro corazón, y de un ser que vive en paz solo bendiciones pueden esperarse. Más aún, él mismo es una bendición: para su familia, para sus amigos, para sus vecinos, para las personas con las que se relaciona, para la Vida misma.

 

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Juan José

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