¿QUÉ SOMOS?

Muchos de nosotros vivimos sintiéndonos esencialmente seres físicos. Creemos que somos la suma de nuestro cuerpo físico, de nuestras emociones y de nuestros pensamientos. A esos tres aspectos que creemos que somos le dedicamos toda o casi toda nuestra atención y energía. Reflexionemos un momento y veremos como es así:

     a) Si tenemos una molestia física, una enfermedad, o un dolor, eso acapara toda nuestra atención y dedicación. Nos identificamos con lo que siente el cuerpo y ahí quedamos atrapados en tanto eso no se resuelva. Nos sentimos el malestar, el dolor, o lo que sea, y todo lo demás pasa a segundo plano

     b) Del mismo modo, si experimentamos una emoción nos identificamos con ella y nos convertimos en sus prisioneros. Durante un tiempo podemos ser ilusión o desánimo, alegría o tristeza, confianza o temor… Nos sentimos la emoción y todo en nuestra vida gira a su alrededor.

     c) E igualmente sucede con nuestros pensamientos. Nuestra mente piensa constantemente, y en determinadas circunstancias emerge un pensamiento poderoso que nos atrapa. En esas ocasiones nos sentimos, plenamente también, mente, pensamiento.

Así, oscilando de uno a otro de esos aspectos que creemos que somos, transcurre nuestra vida. Del mismo modo que la veleta señala la dirección del viento, el mayor o menor bienestar de nuestro cuerpo, las emociones que experimentamos y los pensamientos que elabora nuestra mente, condicionan nuestros estados de ánimo y toda nuestra vida.

Pero en verdad nosotros no somos ni cuerpo, ni emociones, ni pensamientos. Nosotros tenemos cuerpo, pero no somos el cuerpo. Tenemos sentimientos y vivimos emociones, pero no somos ningún sentimiento, ni ninguna emoción. Del mismo modo, nosotros tenemos una mente que piensa, pero no somos ni la mente ni sus pensamientos.

Sobre todo esto no creo que nadie tenga dudas, pues por ejemplo en el caso de los sentimientos y emociones, aparecen y del mismo modo desaparecen, pero nosotros no desaparecemos con ellas, así pues somos algo distinto de ellas. Podemos experimentar por ejemplo una intensa alegría durante unos días, pero cuando esta se  marcha, no nos vamos con ella, permanecemos. Igual con los pensamientos. En algún momento de nuestra vida hemos podido tener un pensamiento intenso, obsesivo, con el que nos hemos identificado, pero ese pensamiento desapareció y nosotros seguimos existiendo, no nos fuimos con él. Igual con el cuerpo, que cambia su composición, que tiene periodos de salud o enfermedad, pero nosotros, lo que en verdad somos, permanece.

Conocer todo esto, ¿tiene alguna utilidad? Lo que estamos compartiendo, cuando deja de ser únicamente información y lo integramos y lo hacemos nuestro, produce en nosotros un doble resultado: comenzamos a sentirnos con una mayor fuerza interior y con una mayor seguridad y confianza. Las circunstancias de la vida nos alteran cada vez menos y las podemos vivir con un alto nivel de paz y armonía. Esto ya es una buena cosa, pues seremos más felices. Además vamos a saber qué somos, a sentir cual es nuestra esencia, y cual nuestra razón para estar aquí en la Tierra. Es entonces cuando todo nuestro mundo cambia y nos sentimos cada día más plenos, más felices, y más unidos con los demás y con la vida.

Nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestros pensamientos son instrumentos que deben estar a nuestro servicio, pero hemos equivocado la relación, y somos nosotros los que estamos al suyo. Tenemos que volver al orden natural y restablecer la jerarquía. Como aún no sabemos qué somos, vamos a ponerle un nombre a eso que en verdad somos, en tanto descubrimos de que se trata. Vamos a llamar Ser Interno a lo que realmente somos, y llamaremos ser físico a eso con lo que nos identificamos tan a menudo, es decir al conjunto de nuestro cuerpo físico, nuestras emociones y nuestros pensamientos.

Estos dos nombres, Ser Interno y ser físico los utilizamos para manejarnos, pero igual da si ponemos otros distintos. RECORDEMOS: ser físico es lo que hasta ahora nos hemos sentido, cuerpo, emociones y pensamientos. Ser Interno es lo que en verdad somos y que aún tenemos que descubrir.

Si creemos que somos el cuerpo, cuando éste enferma o se encuentra mal, nosotros creemos que estamos mal. Así lo hemos sentimos muchas veces. Pero ahora sabemos que somos algo distinto, algo que hemos llamado Ser Interno. El cuerpo puede estar mal, pero nosotros podemos sentirnos bien, incluso muy bien. Es algo natural y es lo que vamos a sentir tan pronto dejemos de identificarnos con el cuerpo.

¿Y qué pasa con las emociones y los pensamientos? Lo mismo. Puede existir una emoción o un pensamiento en nosotros que antes nos condicionaba totalmente, pero ahora al verlo y no identificarnos con él, no maneja nuestra vida.

Viendo sus cualidades, podemos comprender mejor como son realmente el ser físico y el Ser Interno. El ser físico es ignorante, temeroso, egoísta, limitado, mortal…, en tanto que el Ser Interno es sabio, seguro, generoso, pleno, eterno…, todo Amor. El ser físico es lo que creemos que somos, y el Ser Interno es lo que en verdad somos. Al ir tomando conciencia de ello, esto que ahora no es más que un conjunto de palabras, se integra en nosotros y comenzamos a sentirnos Ser Interno: seguridad, plenitud, felicidad…,Amor.

Al sentirnos así, Ser Interno, es cuando el ser físico comienza a cobrar para nosotros su verdadera importancia como herramienta totalmente necesaria, imprescindible, para que alcancemos nuestro propósito de vida: sentir y expresar el Amor que en esencia somos.

Sobre el autor Ver todos las entradas

Juan José

1 comentarioDejar un comentario

  • Gracias Juanjo por explicar las diferencias entre el ser físico y el Ser Interno, cuando tú lo explicas todo parece tan sencillo… pero cuando yo he intentado comprenderlo me ha costado mucho diferenciarme de lo que creo que soy y lo que soy realmente. Ahora lo tengo todo más claro y sí que veo la diferencia.

    Muchas gracias de nuevo.
    Un beso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada. Los campos obligatorios estan marcados *