NUESTRA CONEXIÓN INTERIOR

1384457440_142773_1384544784_album_normalEn el artículo anterior, “Reacción inconsciente /Respuesta consciente”, decíamos que podemos contestar a los estímulos que la Vida nos presenta (situaciones, noticias, hechos…) de tres modos diferentes: mediante una reacción, con una respuesta consciente o a través de una respuesta genuina. Al analizar estas tres opciones veíamos como la respuesta genuina es la que contiene un mayor nivel de unidad, sabiduría, verdad y amor, pues es la que surge de nuestro Ser Interno.

Veamos lo que es nuestro Ser Interno y cómo incrementar nuestra conexión con Él.

El Ser Interno de una persona es su esencia Divina, la presencia de Dios en él. Además de llamarle Ser Interno, se le conoce también por otros nombres: el Ser, Presencia Divina, Yo Soy… Estos nombres ya nos dicen lo que verdaderamente somos cada uno de nosotros: Naturaleza Divina. ¿Qué cualidades tendrá entonces el Ser Interno de una persona? Las mismas que la Conciencia Infinita, las mismas que Dios: Unidad, Sabiduría, Verdad, Alegría, Inteligencia…, Amor. Todas y cada una de ellas en un grado o nivel infinito.

Esto es una Verdad absoluta, pues cada Ser es la totalidad de la Creación, aunque solo serán palabras más o menos bellas en tanto no comencemos a sentir la conexión con nuestra esencia Divina. Hasta que no llegue ese momento únicamente nos ocuparemos de atender los deseos y las necesidades del cuerpo físico, del cuerpo mental y del cuerpo emocional.

(En la categoría Conciencia hay un artículo llamado “¿Qué somos?”, de fecha 03.11.11. que amplia estos conceptos)

¿CÓMO DESARROLLAR LA CONEXIÓN CON NUESTRO SER INTERNO?

Las personas hacemos cosas para ser felices, pero sabemos por experiencia que se trata de una felicidad efímera que pronto desaparece. Entonces nos proponemos otro objetivo… y vuelve a suceder lo mismo. Vivimos en una búsqueda constante que nunca nos lleva a una felicidad que sea permanente.

Está bien que como humanos pretendamos alcanzar metas que nos hagan felices, pues es un anhelo natural, pero ya es momento de que comprendamos que la auténtica felicidad no es lograr, tener o poseer, sino ser. Cuando nos abrimos a esta verdad, dirigimos la mirada hacia nuestro interior, que es dónde está lo que anhelamos: la conexión con nuestro Ser Interno, fuente permanente de alegría, felicidad y amor.

Todos hemos oído la expresión “donde está tu atención estás tú”. ¿Dónde la ponemos cada uno de nosotros? Vamos a plantearnos unas preguntas sencillas, y al responderlas honestamente sabremos dónde ponemos nuestra atención e interés:

1ª ¿Puede ser que al comenzar el día haga mis prácticas espirituales y que después me olvide y llegue la noche sin haberme acordado más de ellas?

2ª Es normal que aparezcan en nuestras vidas situaciones y experiencias difíciles, conflictivas, incomprensibles… ¿Intento siempre resolverlas desde mi personalidad, sin acordarme del enorme potencial que hay en mi interior, sin pedir ayuda a la Presencia Divina que es en mí?

3ª ¿Es posible que viva el día ocupado únicamente en temas materiales, y que al llegar la hora de dormir no me haya acordado de Dios ni una sola vez?

Las respuestas que demos a estas preguntas (y a otras más que cada uno podamos plantearnos) nos dirán con total fiabilidad el grado de conexión con nuestro Ser Interno.

A continuación se exponen varios modos de conectar con nuestro interior. Podemos utilizar aquel con el que sintamos una mayor afinidad, aunque también podemos confiar en nosotros mismos y crearnos uno modo personal.

 

1.- SENTIMIENTOS GENUINOS

Hay ocasiones en las que uno percibe como brota en su corazón un sentimiento genuino, un sentimiento fuerte y puro. Puede surgir al ir por la calle y contemplar un hermoso árbol o al mirar a un pequeño gorrión que picotea en el suelo; al ver la plena confianza que la persona invidente tiene en su perro lazarillo y el cuidado y mimo con que este le guía; ante una hermosa puesta de sol; quizás al cruzar nuestra mirada con la de una persona que refleja en sus ojos una profunda tristeza… Igualmente puede nacer en nosotros un profundo sentimiento de paz, de alegría, de compasión o de Amor al leer una frase en un libro; al mirar la carita arrugada de la abuela; al ver una escena en la televisión; al escuchar una canción… ¡Son tantas las ocasiones!

Podemos aprovechar esas oportunidades en las que brotan en nosotros hermosos y puros sentimientos para acercarnos a nuestro Ser Interno. Se trata de que cada uno tome conciencia de que es él quien siente, el que experimenta esa emoción, el que es consciente de esa vibración. Y permite que en él se exprese esa energía sin que intervenga la mente, sin pensar, sin razonar… Solo sentir de modo cosciente. Percibir toda la fuerza con que en él se expresa ese bello y elevado sentimiento.

Al sentir de este modo, sin la intromisión de la mente, somos eso que estamos sintiendo, ya sea alegría, belleza, gratitud, paz, Amor… Esas energías se activan en nosotros porque están en nuestro interior. Preguntémonos: si no estuviese en mi interior esa vibración, esa energía, ¿cómo podría entonces sentirla? ¿Cómo podría resonar en mí? Sentimos eso tan bello y tan puro porque eso es lo que somos en nuestro interior.

 

2.- O. M. AÏVANHOV

La mayoría de nosotros vivimos el día como autómatas. Unas circunstancias nos llevan a otras y pasamos el tiempo sin tener un momento para sentir nuestro Ser Interno, la belleza, la paz y la armonía que verdaderamente somos.

¿Cómo sentir la Divinidad en nosotros si no nos paramos ni un momento?

El Maestro Omraam Mikhaël Aïvanhov nos propone una técnica sencilla y muy eficaz. La expone de un modo claro y bello:

“De vez en cuando deteneos, cerrad los ojos, entrad en vosotros mismos y tratad de encontrar el centro, que es la fuente pura de la Vida. Practicar conscientemente este ejercicio: cerrad los ojos lentamente y mantenedlos cerrados durante unos momentos. Después abridlos lentamente y estudiar los cambios que se producen en vosotros. Iréis comprendiendo como esa alternancia de abrir y cerrar los ojos tiene su correspondencia en la vida interior: abrir los ojos es ir hacia fuera; cerrarlos es volver hacia el centro de nuestro Ser, que es Dios. Ahí se hallan la paz, el equilibrio y la armonía. Emprendáis después lo que emprendáis, sabréis que os acercáis a la verdad”.

Ante la belleza y claridad del texto tal como nos lo expone O. M. Aïvanhov nada se puede añadir.

(Deciros únicamente, para compartir así mi experiencia personal con vosotros, que un aspecto clave del ejercicio es cerrar los ojos lentamente, pues este gesto es ya una toma de conciencia de lo que pretendemos lograr. Se puede practicar varias veces al día, aunque solo dispongamos de unos segundos o un minuto de tiempo para cada ocasión).

 

3.- AUTOCONCIENCIA

Podemos hacer varias veces al día un sencillo  ejercicio: sentirnos, tomar Conciencia cada uno de si mismo, llenarnos de nuestra propia presencia. Esto es ser autoconsciente, lo que implica tener Conciencia de uno mismo y ser consciente, al tiempo, de que es uno mismo quien dice, hace o siente.

Un ej: podemos hacer unos ejercicios de respiración poniendo en ellos plena atención. Eso sería respirar de modo consciente. En cambio, si hacemos esos mismos ejercicios de respiración poniendo en ellos toda nuestra atención, y al mismo tiempo tenemos conciencia de que somos nosotros quienes hacemos esos ejercicios, esto es ya un acto autoconsciente.

Cuando hacemos algo de modo autoconsciente, ese acto tiene un mayor nivel de profundidad que cuando lo hacemos solo de modo atento o concentrado. Es así porque al profundizar más en nuestro interior, nos acercamos a nuestro Ser Interno. Esto es fácil de comprobar: al estar autoconscientes, es decir, cuando uno está consciente de si mismo, no puede sentirse triste ni ofender o dañar a otros, al tiempo que tampoco se siente ofendido por lo que otros puedan hacer o decir.

Vivir permanente en estado de autoconciencia no está al alcance de la mayoría de nosotros. Es el estado en que se encuentran los Maestros y Seres realizados. Pero para el objetivo de ir activando la conexión con nuestro Ser Interno, es suficiente con el intento serio y perseverante.

 

4.- EL EMPLEO DE FRASES

El trabajar con una frase personal nos puede ser útil para un doble propósito: nos ayuda a recordar que somos mucho más que cuerpo físico o una personalidad, y además nos sirve para ir profundizando en nuestra conexión interior.

Si no se tiene costumbre de trabajar con frases y afirmaciones positivas se puede dudar de su eficacia, pero cuando perseveramos en su repetición y nos vamos haciendo uno con ellas, nos son de gran ayuda. Las frases tienen la ventaja de que podemos hacer uso de ellas en todo momento y situación de una manera cómoda, sencilla y discreta.

Veamos qué requisitos ha de cumplir una frase personal y como trabajar con ella:

1º) Podemos crear cada uno nuestra propia frase, o utilizar una ya existente que resuene en nosotros de modo especial. No nos importe emplear unos días cambiando de frase o modificando alguna palabra de ella, hasta encontrar la “nuestra”, una frase con la que vibremos.

2º) Es importante que la frase sea bella y concreta, y hemos de cuidar también su fonética:

= Nuestra esencia es perfección y belleza, por lo que la frase resonará más en nosotros si es bella.

= Concreta en cuanto que el propósito de la frase no es describir la cualidad a que se refiere. En nuestro interior ya somos plenamente esa cualidad, y el cometido de la frase es hacérnosla presente.

= Habrá ocasiones en las que repetiremos la frase en nuestro interior al tiempo que realizamos una tarea o actividad física. Por eso es conveniente que la estructura fonética de la frase se pueda acoplar cómodamente a nuestra respiración.

3º) La frase ha de ser positiva y formulada en tiempo presente:

= Al recordar la expresión “donde está tu atención estás tú”, ya vemos la necesidad de que la frase sea positiva.

= En tiempo presente porque el contenido de la frase es un atributo o cualidad que ya es en nosotros, no algo que crearemos en un tiempo futuro.

¿Cómo trabajar con la frase? La podemos repetir en nuestro interior cada vez que nos acordemos de ella. Una repetición suave y cadenciosa, como si fuese un mantra o una oración, hasta que nuestra atención sea atraída por algo distinto. Después, cuando nos acordemos nuevamente, retomamos la repetición interna de la frase.

(Estas ideas son solo unas pequeñas orientaciones. Confiemos en nuestra sabiduría interna al crearnos la frase y trabajar con ella).

photoEjemplo de frases:

= Yo soy paz.

= Yo soy compasión.

= Yo soy Amor.

= ¡Puedo!

= ¡Acepto!

= Confío en mí.

= ¡Soy feliz!

= Yo soy inteligencia, alegría y paz.

= Yo soy la expresión del Amor de Dios.

= Yo soy expresión de paz y unidad.

= Mi alegría se manifiesta en cada situación de mi vida.

= Yo soy la capacidad que necesito en cada momento.

= Yo soy uno con la Vida infinita.

= Yo soy gratitud en cada instante de mi vida.

= Yo soy la Voluntad de Dios, disponiendo de todo su Amor, Comprensión y Bondad en mi mundo interno, y manifestándola en mi mundo externo.

La frase es como un amigo que nos acompaña en todo momento aportándonos paz y armonía; elevando y equilibrando nuestra energía; ayudándonos a creer más en nuestras capacidades y cualidades. Es todo lo que tú sientas que te ayuda en tu proceso.

Con el tiempo, la frase y nosotros iremos sintiéndonos uno, y ya entonces nos será imposible sentirnos solos, pues la vibración del Ser Interno que en esencia somos se estará expresando en cada momento y situación de nuestra vida.

 

 

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Juan José

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