HONESTIDAD Y AMOR A UNO MISMO

Los seres humanos disponemos de todas las cualidades necesarias para afrontar cualquier acontecimiento que la vida nos presenta. En nuestro interior está la fuente de la que brotan de modo natural paz, seguridad, confianza, armonía, esperanza, fuerza interior… Es sólo ahí, en nuestro interior, donde se encuentran estas bellas y útiles cualidades. En ningún otro lugar podemos encontrarlas, ni tampoco hay nadie que nos las pueda proporcionar.

Del mismo modo que de una fuente fluye el agua, de nuestro interior surgen cada una de las cualidades que nos ayudan a dar la mejor respuesta a las situaciones que vivimos. La diferencia es que la fuente de agua ha de ser alimentada con esa misma agua para que no cese de manar, en tanto que nuestra fuente interna se nutre de nuestra autenticidad, honestidad e integridad.

Cuando somos íntegros, auténticos y honestos empiezan a suceder milagros en nuestra vida. El primero de todos, y el más importante, es que nos convertimos en nuestro mejor amigo. Sentimos que nos respetamos y amamos, y que nos gusta estar en nuestra propia compañía. Pero esto sólo es posible en la honestidad. No podemos confiar en una persona deshonesta, y menos aún si esa persona somos nosotros mismos.

Recordemos la frase: “El que tiene un amigo tiene un tesoro” ¿Y qué mejor amigo que uno mismo? Es ese buen amigo, uno mismo, quien nos hace ver lo que está bien y lo que no; quien está con nosotros en los momentos difíciles y nos dice: “Puedes contar conmigo de modo incondicional”. Sí, en esos momentos de dificultad es cuando cada uno se tiene a sí mismo. Y la clave, ya sabemos, es ser auténtico, honesto, íntegro.

DownloadedFile-33¿Es posible aprender a ser honesto? Sí, y para este propósito vamos a exponer ahora unas  ideas prácticas y sencillas. Cada uno puede fijarse tanto el nivel de honestidad que quiere alcanzar, como el ritmo al que desea avanzar. La única dificultad de estas prácticas es creer que con ideas tan naturales pueden desarrollarse en nosotros cualidades tan importantes como seguridad, confianza, paz… 

 

¿Cómo podemos aprender a ser auténticos, íntegros y honestos? Veamos:

 

a) Es del todo esencial que dejemos fuera de nuestra vida la mentira. Algunos de nosotros todavía mentimos. Lo hacemos por varios motivos: para conseguir un objetivo; para que nos valoren más; por temor a juicios o críticas… Pero la mentira y la honestidad no se llevan bien, y tenemos que elegir con cual quedarnos.Si elegimos la mentira, permaneceremos estancados. Si por el contrario decidimos ser honestos, nuestra fuente interna comenzará a llenar nuestra vida con un bello caudal de confianza, seguridad, alegría…

Transitando por el camino de la honestidad llegará un momento en el que la mentira, por pequeña e insignificante que sea, ya no formará parte de nuestra vida, y brotarán en nosotros todas las cualidades que nos permiten vivir una vida confiada y feliz, una vida plena.

b) Más importante todavía que no mentir a otros, es desterrar de nuestra vida las mentiras que nos decimos a nosotros mismos, bien para justificar nuestras acciones; para no entrar a tomar conciencia de lo que no hemos hecho bien; para no sufrir por algún comportamiento que hemos tenido; o por cualquiera otra razón. Cuando nos mentimos somos deshonestos y falsos, y como consecuencia no confiamos en nosotros mismos. Cualquier dificultad que nos presente la vida hará que nos tambaleemos y que nos sintamos sin capacidad para afrontarla, porque lo falso tiene poca resistencia, y lo auténtico tiene mucha.

Sólo siendo mi amigo podré mirar de frente cada experiencia que la vida me presente. Sentiré entonces que con la ayuda de mi mejor amigo, yo mismo, voy a responder a esa situación disponiendo de un gran caudal de fuerza interior, confianza y seguridad.

c) Hemos de ser fieles a esta regla de oro: “sea cual sea nuestro comportamiento, en ningún momento nos ofendamos ni nos descalifiquemos a nosotros mismos”. Esto no está reñido, sino todo lo contrario, con el hecho de que nos digamos las cosas con toda claridad y verdad: “Mi comportamiento ha ofendido a esa persona” “No he puesto todo el interés que podía en atender aquella petición” “Lo que he respondido a la pregunta de mi amigo, sé que es una mentira” …

A continuación nos decimos: “Voy a esforzarme en la próxima ocasión que se me presente para que este comportamiento mío no vuelva a suceder”. Más aún, para que el compromiso de erradicar de nosotros esa conducta sea firme, emprenderemos acciones concretas: lo antes posible quedaremos con la persona afectada por nuestro proceder incorrecto, y nos disculparemos. Una disculpa sincera, de corazón, sin intentar justificar nuestra acción. Si no es posible quedar con ella en un plazo breve, la disculpa la haremos por teléfono. Hemos de afrontar el resultado de nuestras acciones tan pronto nos demos cuenta de nuestro error.

En ningún caso está justificado que nos digamos cosas como estas: “Soy una persona torpe”, “menudo ridículo he hecho”, “me han engañado como a un tonto”… Estos reproches  no proceden, porque si yo deseo ser mi mejor amigo, he de actuar como tal. ¿Os imagináis a un buen amigo insultándonos y rebajándonos? Lo que hace un buen amigo es ayudar, aportar soluciones, motivar, respetar, abrir puertas, trasmitir confianza… Ese es su papel, y ya hemos dicho que solo siendo cada uno el mejor amigo de si mismo, se llenará nuestra vida de integridad, autenticidad y honestidad.

 

d) Tratamos de ser auténticos y honestos. Para ello es del todo imprescindible que eliminemos de nuestra vida la burla, la descalificación, y la ofensa hacia otras personas. Cada vez que ofendemos a alguien, nos debilitamos. Es así porque dentro de nosotros hay una sabiduría superior, Conciencia o como queramos llamarle, que hace que cada vez que obramos bien nos sentimos felices y con fuerza interior, y cuando no lo hacemos nos sentimos tristes y débiles.

 

Si queremos que en nosotros se active la honestidad en alto grado, aún hemos de adoptar un compromiso mayor: no podemos ser cómplices de las personas que se burlan u ofenden a otras. Este compromiso supone, en ocasiones, un importante reto que hemos de afrontar decididos pero con prudencia.

Vemos un ejemplo concreto sobre como aplicar esta idea: imaginemos que estamos con un grupo de amigos hablando de una persona que no se encuentra presente. Uno o varios de los amigos se burlan u ofenden a la persona ausente. ¿Qué podemos hacer? Diremos que no estamos de acuerdo, aunque también podremos elegir permanecer en silencio porque creemos que es lo más prudente en esa ocasión. Elegiremos una u otra opción, según sea la más adecuada en esas circunstancias.

En aquellos casos en los que decidamos callar, seamos conscientes de que callamos por prudencia, para no generar una desarmonía mayor a la que queremos evitar. Pero nuestro silencio también puede deberse a que aún no tenemos suficiente fuerza interior para expresar nuestro desacuerdo con esos comportamientos de burla y descalificación. Si es este nuestro caso, esa toma de conciencia debe ser el primer paso para comprometernos con el desarrollo de nuestra honestidad y autenticidad.

Con el tiempo, si en verdad queremos llegar a vivir con plena honestidad, cada vez serán menos las ocasiones en las que callaremos, pero al principio seamos prudentes. No se trata de que nos quedemos sin amigos en unos días, ni de que nos distanciemos de nuestros familiares, sino de que aprovechemos cada nueva ocasión que se nos presente para incrementar nuestro nivel de honestidad. De esta manera nos iremos sintiendo más seguros, con más paz, con mayor capacidad para afrontar cualquier reto de la vida.

(Voy a terminar aquí este artículo, aunque en otro posterior añadiré algunas ideas más).

CONCLUSIÓN: al ir poniendo en práctica estas sugerencias, sentiremos que avanzamos. ¿A qué llamo yo avanzar? A darnos cuenta de que en nosotros van surgiendo las capacidades y las cualidades idóneas para vivir nuestra vida con una mayor plenitud. Algunos ejemplos: si antes le huíamos a una persona o a una situación, sentimos como ahora podemos afrontarla con mayor confianza; si éramos muy impacientes, comenzamos a reaccionar con más tranquilidad en las mismas circunstancias; nuestros niveles de temor e inseguridad van disminuyendo; escuchamos más abiertos y con más calma lo que otros nos dicen…

En definitiva, mejoramos como personas, pues las cualidades que en esencia somos: seguridad, paz, alegría, confianza, felicidad, fuerza interior…, las sentimos cada vez más presentes en nosotros y guían nuestras vidas.

 

 

 

 

 

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Juan José

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