EL GORRIÓN

La mamá gorrión estaba triste porque habían desaparecido los huevos de su nido, tal vez algún animalito se los había comido… Estando en su tristeza oyó la voz de Dios y acudió a su llamada. El Padre le preguntó: “Hace ya dos o tres días que no te oigo cantar, ¿por qué?” El gorrión le dijo que estaba triste por que al regresar al nido después de volar buscando comida, lo encontró vacío; los cuatro huevecitos que estaba incubando habían desaparecido, y ya no nacerían esos cuatro polluelos, sus cuatro hijitos. Dios le hizo otra pregunta: “Si te digo que todo lo que he creado obedece a un plan perfecto y de infinito Amor, ¿me creerías?” “Sí”, contestó el gorrión sin dudar. “¿Puedo pedirte un favor?”, continuó Dios. “Sí, claro que sí, todo lo que desees”, le respondió el gorrión. Dios miró a la lejanía y permaneció unos momentos en silencio. La mamá gorrión sintió que lo que Dios iba a pedirle era muy importante, y que por eso reflexionaba y se tomaba su tiempo.

Por fin Dios le hizo la petición: “Te pido que vayas a cantar junto a todos tus compañeros gorriones que también han perdido sus hijitos, y que mañana vengas nuevamente y me cuentes lo sucedido”. La mamá gorrión marchó y comenzó a recorrer los lugares donde había gorriones que permanecían silenciosos y tristes en las ramas de los árboles. Transcurrida la noche, nuevamente se presentó ante Dios y le contó lo que le había sucedido.

images5“Comencé a cantar -dijo el gorrión- y al principio nadie me secundaba, pero al rato se unió a mi canto una mamá que hacía ya una semana había encontrado roto su nido, y los tres huevecillos que estaban a punto de eclosionar habían desaparecido. Al poco oímos el trino de un tercer gorrión, y luego otros más… Pronto formábamos una gran bandada, cantando sin parar, alegres y felices… y, de pronto, se corrió un rumor por toda la bandada: Dios, que había permanecido todo el día silencioso y reflexionando, había comenzado a sonreír y se sentía cada vez más y más feliz al oírnos cantar…

Así que nos emocionamos mucho y seguimos volando y cantando sin darnos cuenta que ya había anochecido. Entonces uno de nosotros dijo que deberíamos posarnos a descansar en las ramas de los árboles, y dejar así que los demás animalitos y los seres humanos pudiesen descansar también, y así lo hicimos”.

Dios, que escuchaba atentamente este relato sin interrumpir al gorrión, volvió a plantearle una nueva pregunta: “¿Puedo pedirte a ti y a tus amigos otro favor?” “Ya sabes que sí -le contestó el gorrión-  pues mis amigos te aman tanto como yo te amo, y solo deseamos complacerte”. Y Dios, con la voz más amorosa que el gorrión le había oído nunca, le habló así:

“ Os pido a ti y a todos tus amigos que forméis una bandada, cuanto más grande mejor, y que voléis cantando sin cesar, y que ese canto lo llevéis a los lugares donde viven los hombres. Yo, al crearlos, sembré una semilla de Amor en el corazón de cada uno, pero muchas, muchísimas de esas semillas no han brotado, y unos hombres dañan y hacen sufrir a otros hombres. Y tengo la esperanza de que vuestro canto bello, armonioso y puro, llegue a sus corazones y haga que esas semillas broten. Os doy las gracias”.

Sin decir nada, el gorrión partió veloz a comunicar esa noticia a sus amigos. El Padre les confiaba la más sagrada y querida de sus tareas: colaborar con Él para que el Amor brotase en el corazón de los hombres. Volaba sintiendo como su tristeza se había convertido en Amor. Ya por siempre sentiría que sus hijitos le acompañaban en su corazón para, junto a ella y felices, realizar la más bella de las tareas.

Allá a lo lejos Dios vio como la gran bandada de gorriones volaba feliz a su misión, y su rostro se llenó con una hermosa sonrisa de esperanza. Seguro que ahora germinaría la semilla del Amor en el corazón de sus amados hijos humanos, y se sentirían lo que siempre fueron: hermanos.

 

 

 


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Juan José

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