CAUSAR DAÑO

En nuestra vida diaria, ya sea de modo consciente o inconsciente, a menudo causamos daño a otras personas. Daño físico, mental y emocional. Esas personas sufren y lo pasan mal, e incluso ese daño que han recibido puede condicionar en mayor o menor medida el resto de sus vidas.

Los seres humanos nos identificamos con nuestros cuerpos más densos: el cuerpo físico, el mental, y el emocional. En base a creer que somos esos cuerpos hacemos, vivimos y experimentamos, pero en esencia nosotros somos algo distinto. Somos el Ser, compuesto por nuestros cuerpos más sutiles o elevados. El proceso de experimentar y aprender se da de la siguiente manera:

Los cuerpos densos son los que viven de modo directo las experiencias, y hay unos cuerpos superiores a ellos que son los encargados de recoger ese aprendizaje, de ir depurándolo y convirtiéndolo en sabiduría. Tenemos otros cuerpos de orden aún superior a estos, que son los que transforman esa sabiduría en Amor.

El Amor es la esencia del Ser, lo que en verdad somos cada uno de nosotros.

Entonces, ¿cuántos cuerpos hay? Un buen número de tradiciones y escuelas de creencias, especialmente las orientales, hablan de un número limitado de cuerpos. Algunas de estas tradiciones hacen referencia de forma especifica a siete cuerpos. Es muy posible que el número real de cuerpos de los que está formado el ser humano sea inmenso, puede incluso que infinito, pero no hemos de ver esta disparidad de cifras como una contradicción. En función a lo que definamos como cuerpo, se percibirá que se habla de conceptos e ideas similares.

Nuestros cuerpos más densos, los cuerpos físico, mental y emocional tal como hemos dicho, se denominan comúnmente “cuerpos inferiores”, y están al servicio de los cuerpos superiores. A diferencia de los cuerpos superiores, que nunca desaparecen, los inferiores se transforman en materia y energía tras cada vida y se reintegran en la tierra, nuestro lugar de experimentación y aprendizaje.

Podemos entonces considerar estos cuerpos densos como herramientas al servicio de los cuerpos superiores o cuerpos sutiles. El que podamos considerarlos como herramientas, ¿supone que podemos tratarlos mal, ser poco cuidadosos con ellos, o incluso dañarlos? Todo lo contrario. El buen artesano protege, mima y cuida sus herramientas, pues son imprescindibles para desarrollar su labor y así poder crear. Gracias a nuestros cuerpos inferiores, que son nuestras herramientas, nosotros creamos. ¿Qué creamos? Creamos lo más bello y de mayor valor, creamos Amor.

El Ser, lo que verdaderamente somos, no daña ni es dañado, no causa sufrimiento ni sufre. El Ser integra las energías que van llegándole de los cuerpos que le nutren, energías que cuando ya llegan a él son de vibración Amor.

Los cuerpos inferiores mantienen su cohesión y organización gracias a elementales que se ocupan de esa tarea. Los elementales son energías que aprenden mientras realizan esa labor. Una vez que acaba su cometido porque la persona finaliza su vida, van a un plano en el que permanecen a la espera de su siguiente tarea. Como nuestro respeto y Amor es hacia todo lo que existe, esta es una razón más para cuidar estos cuerpos inferiores por la presencia en ellos de estos elementales.

En nuestro nivel actual de experimentación aquí en este planeta de tercera dimensión, todavía es frecuente que en nuestro aprendizaje nos dañemos los unos a los otros. En ocasiones también dañamos al resto de seres que con nosotros comparten el proceso evolutivo, e incluso causamos daño al propio planeta Tierra. Esto es algo que ya muy pronto va a cambiar, como todos intuimos.
De todo lo comentado hasta ahora se pueden sacar numerosas conclusiones, aunque ahora vamos a ver solamente tres:

1ª Cuando hacemos daño a otra persona, le estamos enviando un mensaje a la Vida en el que le mostramos que nos sentimos separados de los demás. Además vamos en sentido contrario a nuestro propósito particular de vida y al propósito del colectivo humano, que es llegar a sentirnos una unidad.

2ª Ese daño que causamos supone una deuda que contraemos y que en algún momento tendremos que saldar. Para poder cancelar totalmente esa deuda deberemos sentir y comprender muy bien el daño que hemos provocado. La mejor comprensión tal vez sea vivir en nosotros y experimentar el daño causado a otros seres.

3ª Recordemos siempre lo esencial que es cuidar nuestros cuerpos para que nos sea posible completar en la vida todo el aprendizaje previsto. El cuidado de nuestros cuerpos es la medida de nuestro compromiso en la tarea de llegar a sentir el Amor.

Mas allá de todas esas conclusiones quedémonos con lo esencial, que podemos intuir pensando en cómo haría un ser de Amor. Cuando un ser ya vibra en Amor mira a los demás como se mira a sí mismo, y les desea el máximo e idéntico bien que desea para él.

Ese es el ejemplo que nos puede guiar: hay infinito Amor, lo que supone infinita paz, felicidad, gozo… Si en verdad deseamos ser Amor hemos de trasformarnos en un canal puro para que toda esa energía de paz, felicidad, gozo… pueda pasar por nuestro corazón sin ser desvirtuada y llegar al corazón de todos aquellos con los que compartimos.

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Juan José

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